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El sueño.

por Fran Laviada

El sueño se me vuelve a repetir, una y otra vez: La morenaza que completamente desnuda se pasea por una solitaria playa, con la brisa marina haciendo ondear el pelo de su larga cabellera, mientras ella pronuncia con suavidad mi nombre, como si me estuviera llamando pero con voz muy bajita, para no despertarme ya que me ve profundamente dormido. Lo más probable, es que ella me vea tumbado en la arena, con un sueño envolvente y dando sensación de estar muy cómodo sobre una enorme toalla azul que hace juego con el mar y tostándome poquito a poco, bajo ese sol que empieza a dejarse ver con los primeros rayos de luz, y que calienta confortablemente pero sin llegar a quemar. La rubia tiene razón, mi sueño es especialmente agradable, ya que estoy soñando con ella, pero cuando mis ojos se abren y la bella imagen desaparece, me doy cuenta de que no despierto en mi cama, estoy en la playa tumbado sobre mi gigantesca toalla azulada, y me pregunto, si ahora estoy despierto o sigo soñando, y de nuevo se me vuelve a mezclar fantasía con realidad, en fin, que todo se convierte en un auténtico lío, como la vida cuando se complica, es lo que hay y así hay que aceptarlo.

Quizás tenga que aplicar la Ley de la Atracción, que dice más o menos aquello de que, si lo ves en tu mente puedes tenerlo en tu mano, así que, yo de momento sigo insistiendo, y cuando el sueño no hace acto de presencia por su propia voluntad, ya procuro, traerlo a mi cabeza cuando estoy despierto, a ver si se queda ahí fijado una buena temporada, hasta que el día menos pensado, aparezca delante de mí la imponente rubia, en carne y hueso, y puestos a pedir, mejor que sea con más carne y con menos hueso.

Nota.- En la foto, por razones obvias, no aparece como en el sueño.

El sueño.
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